La Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC) siempre se jactó de ser un ecosistema distinto: un refugio de pensamiento crítico y autogobierno que sobrevivía casi por inercia al ruido del mercado educativo. Pero esa burbuja de discreción estalló este marzo. Lo que comenzó como una diferencia administrativa en los pasillos de Condell se transformó en un «golpe de timón» mediático que tiene a la institución partida en dos.
El choque de las dos llaves
La crisis no es solo por un nombre, sino por quién tiene la llave de la autoridad. Por un lado, el Directorio —brazo legal y administrativo— decidió que el ciclo de Álvaro Ramis estaba agotado, citando una desconexión con las directrices superiores y manejos irregulares. Por el otro, Ramis se atrincheró en una interpretación técnica de los estatutos: para él, si el Consejo Superior (el corazón democrático de la UAHC) no firmaba su salida, el Directorio estaba cometiendo un acto de «fuerza».
Este vacío de poder generó escenas inéditas para la Academia:
-
Guerra de comunicados: Correos institucionales que decían una cosa y redes sociales que decían otra.
-
Apagón digital: El Directorio tomó control de los servidores para frenar la difusión de mensajes del rector removido, una medida que muchos académicos leyeron como censura interna.
-
El fantasma de la intervención: La sombra de una parálisis que obligara a la Superintendencia de Educación a mirar de cerca a una universidad que siempre prefirió resolver sus problemas «en casa».
Iria Retuerto.
Para cortar la hemorragia, el Directorio jugó su carta de estabilidad el 30 de marzo. Designó a Iria Retuerto Mendaña, actual Vicerrectora Académica, como la nueva capitana del barco en calidad de subrogante.
La elección de Retuerto no es azarosa. Es una figura que conoce las venas de la universidad y cuya trayectoria busca calmar las aguas entre los trabajadores y el estudiantado. El mensaje del Directorio fue un misil directo a la gestión saliente: acusaron a Ramis de intentar «adueñarse de la institucionalidad» y de provocar una división que la UAHC no puede permitirse en pleno inicio de semestre.
Los antecedentes que elevan la tensión
A los hechos ya conocidos, se suman factores que complican el escenario para los próximos meses:
-
La herencia de José Bengoa: El reciente fallecimiento del referente histórico de la universidad dejó un vacío ético. Sin «el patriarca» para mediar, las facciones internas han extremado sus posiciones.
-
La judicialización inminente: No se trata solo de quién ocupa la oficina. Ramis ha dado señales de que llevará la disputa a los tribunales, alegando que su remoción vulnera el derecho laboral y los reglamentos internos de una corporación que se define como democrática.
-
El factor estudiantil: Aunque el semestre sigue «normal», la asamblea de estudiantes observa con recelo. Para una universidad que enseña sobre poder y sociedad, ver a sus autoridades en un litigio público es, cuanto menos, una ironía incómoda.
¿Qué viene ahora?
La UAHC enfrenta ahora el desafío de la recomposición. La llegada de Retuerto es una esperanza, pero la fractura política sigue expuesta.
Por ahora, la «Academia» ha perdido su activo más preciado: el silencio. El examen ahora no es académico, sino de supervivencia institucional.

















Deja una respuesta