El Latin American Dynamism Project (LADP) analizó tendencias de financiamiento, regulaciones y geopolítica en 18 países de América Latina. La región ha experimentado un crecimiento sin precedentes en etapas tempranas de emprendimientos basados en ciencia y tecnología, o Deep Tech, mientras enfrentan un «valle de la muerte» en etapas de escalamiento. Puedes descargar el reporte completo acá.
Uno de los hallazgos fue que un 72% de las startups permanecen en etapa semilla, apenas 19% alcanzan Serie A, y solo 22 (9%) han logrado Serie B o más en toda la historia regional. «Tenemos el talento, los recursos naturales y el momentum inicial, pero estamos fallando en el momento crucial donde la ciencia se convierte en industria», señala Marcus Alburez, co-autor del estudio.
A nivel regional, el sector de biotecnología domina con aproximadamente 60% de las startups. La IA ocupa el segundo lugar (10%), seguida por los sectores de Nanotecnologías, Cleantech y Aeroespacial (5% cada uno).
Respecto a la distribución geográfica, São Paulo se posiciona como el principal centro de innovación con 329 ventures. En Brasil el 70% del capital para Deep Tech proviene de programas gubernamentales, una tendencia regional (60% de la inversión en I+D depende del sector público). Por otro lado, Chile, con 251 startups (10%), destaca por un ecosistema en rápida maduración, impulsado por iniciativas públicas y privadas.
En paralelo, el reporte documenta un fenómeno que se repite, donde las startups latinoamericanas de Deep Tech reciben valoraciones significativamente más bajas que sus pares globales, incluso cuando presentan métricas equivalentes o superiores. Según el MSCI Index, las empresas de la región cotizan con un descuento del 50% respecto al promedio mundial y del 27% frente a otros mercados emergentes.
Cuando se trata específicamente de empresas basadas en ciencia y tecnología, el reporte identificó un factor adicional, donde el escepticismo hacia la I+D latinoamericana toma protagonismo. Persiste la percepción de que la ciencia de la región es menos robusta, especialmente cuando los fundadores provienen de universidades con menor reconocimiento global, lo que obliga a las startups a demostrar de forma exhaustiva la validez de su tecnología antes de acceder a capital de crecimiento.
«Los inversionistas de EE.UU. están acostumbrados a evaluar tecnología de Stanford, MIT y Harvard. Cuando llega un founder de una universidad brasileña o chilena con investigación igual de sólida, enfrentan prejuicios que extienden los procesos de due diligence», señala Albúrez.

















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