Especialista advierte que muchas conductas asociadas a conductas de evitación tendrían un origen sensorial real.
“No quiere usar calcetines”, “llora cuando escucha la licuadora”, “no soporta algunas poleras” o “hacer una salida al supermercado termina en crisis”. Situaciones como estas son cada vez más frecuentes en consultas relacionadas con neurodesarrollo infantil y procesamiento sensorial.
Especialista advierten que muchas conductas que históricamente fueron interpretadas como desobediencia, “caprichos” o problemas de comportamiento podrían estar asociadas a hipersensibilidad sensorial, una condición donde estímulos cotidianos como sonidos, texturas, luces o contacto físico son percibidos de manera mucho más intensa.
En ese contexto, Nuvia Salud, centro de rehabilitación integral especializado en neurodesarrollo infantil ubicado en Rancagua, ha acompañado a más de 2.300 familias en solo siete meses, donde aproximadamente un 40% de las atenciones corresponde a niños y adolescentes neurodivergentes.
“Muchos padres llegan agotados pensando que sus hijos simplemente son difíciles o exagerados, cuando en realidad existe una sensibilidad real frente a ciertos estímulos del entorno. No es manipulación ni desobediencia: hay una experiencia sensorial distinta detrás de esas reacciones”, explica Danae Berrios Gatica, terapeuta ocupacional especializada en neurodesarrollo e integración sensorial.
Entre las señales de alerta más frecuentes, los especialistas identifican rechazo extremo a ciertas prendas o etiquetas, irritabilidad frente a sonidos cotidianos, selectividad alimentaria por textura y crisis de desregulación en espacios con alta estimulación sensorial.
“Hay niños que sienten algunas telas o costuras como algo invasivo. Otros pueden desregularse completamente por ruidos cotidianos que para el resto pasan desapercibidos. Detectarlo a tiempo puede cambiar por completo la dinámica familiar y la calidad de vida del niño”, agrega la especialista.
Berrios, recalca que la hipersensibilidad sensorial puede estar presente en distintos perfiles de neurodesarrollo, incluyendo niños dentro del espectro autista, aunque aclara que no toda sensibilidad implica necesariamente un diagnóstico clínico.
“Lo importante es observar cuándo estas conductas comienzan a afectar la vida diaria, el aprendizaje, la convivencia familiar o la interacción social del niño. Consultar a tiempo puede marcar una diferencia enorme en su bienestar y desarrollo”, concluye Berrios.
La hipersensibilidad sensorial ocurre cuando el cerebro procesa ciertos estímulos cotidianos, como ruidos, luces, texturas o contacto físico, de manera mucho más intensa, generando incomodidad, saturación o desregulación emocional en algunos niños.

















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